lunes, 6 de febrero de 2012

estrategias educativas.

¿Se podrán diseñar mejores?

Juan José Llach.Para LA NACIÓN .                                                                    La sociedad argentina ha hecho un gran esfuerzo para cumplir la ley de financiamiento aumentando la inversión educativa cerca de 2% del producto interno bruto entre 2005 y 2010 (aun no hay cifras definitivas) . . .                                                Este esfuerzo no ha sido correspondido con una rendición de cuentas detallada de los destinos de esta inversión en salarios docentes y no docentes, construcciones escolares, material didáctico o tecnologías. También se ignora si se otorgó prioridad a las escuelas más necesitadas, como lo mandan las leyes vigentes. Las estadísticas de los resultados alcanzados también muestran limitaciones. No hay un seguimiento sistemático de algo tan básico como las tasas de escolarización, pese al reciente censo de población; hay dudas sobre la confiabilidad de los datos de retención y transcurrió una década sin evaluación censal de los aprendizajes, que en buena hora parece empezar a corregirse con la evaluación de los alumnos del último año de la escuela media en 2010.Una vasta literatura -es muy recomendable Glewwe y otros. 

(2011, NBER 17554)- muestra que no hay una relación clara entre recursos invertidos y resultados, salvo en el aumento de la escolaridad que, en la Argentina reciente, no ha tenido la magnitud esperada. Sólo contando con información escuela por escuela, tanto de recursos como de resultados cuantitativos y cualitativos, podríamos acercarnos no sólo a ponderar mejor el efecto real de las inversiones sino también, lo que es más importante, a diseñar mejores estrategias pedagógicas y didácticas, a la medida de las necesidades de los alumnos. Hasta entonces el único resultado de la inversión educativa que podría medirse este año es el de la escolarización. Un buen comienzo, pero muy insuficiente.El autor es sociólogo y economista; fue ministro de Educación de la Nación.


ESTADO
DE 


DERECHO

           
              O 

MORENISMO.

Dr. Jorge R. Enrique
twitter: @enriquezjorge 



Hasta el cansancio venimos sosteniendo desde esta columna que la República es el gobierno de la ley.
Esto, que es una verdad de perogrullo, en la Argentina hay que seguir repitiéndolo.
La ley resume el ideal constitucional de la des-personalización del poder.
Y se da esta situación aparentemente paradojal: la autoridad que crea la ley debe subordinarse a ella.
Esto significa que no es dueña de la ley. 

Tiene derecho a crearla – si sigue determinados procedimientos y dentro de cierto marco de competencias -, pero una vez creada, no le pertenece. 
Lejos de eso, lo obliga como a cualquier otro ciudadano.
Este concepto tan simple, pero de tan ardua comprensión para los autócratas, se llama Estado de Derecho.
En ese orden de ideas, la ley debe ser previa, para que todos la conozcan y puedan ajustar sus conductas a ella, y general, para evitar tratos desiguales y arbitrarios.
El kirchnerismo no se ha llevado jamás bien con el principio de legalidad. Le molestan las categorías generales. 

El motivo es clarísimo: cuando la norma es general, hay poco margen para la intervención de los funcionarios, para la manipulación, para la interpretación torcida de la ley, entre amigos y enemigos y para las corruptelas. 
En un Estado de Derecho en serio, no hay lugar para los Morenos.
Guillermo Moreno no es una anécdota o un mero personaje pintoresco: es la quinta esencia de la forma de gobernar de los Kirchner. Por eso, echarle la culpa al poco refinado Secretario de Comercio es perder de vista lo fundamental: la culpa es de quien lo manda a obrar de esa forma.

A fines de 2006 intervino de hecho el INDEC, desplazando a los buenos funcionarios de ese hasta entonces prestigioso organismo y los suplantó por dóciles operadores políticos, encargados no de reflejar los precios, sino de inventarlos.
Más tarde, persiguió a las consultoras privadas que difundían cifras distintas a ese dibujo. 
Les impuso multas insólitas -por violar supuestamente la ley de lealtad comercial en cuanto prohíbe la publicidad engañosa - una de las imputaciones más ridículas de la historia argentina -, y luego les promovió causas penales por delitos no menos delirantes.
El patético funcionario pasó en reiteradas ocasiones de las palabras a la acción, pero no a la acción efectiva que exige su cargo, ya que en ese aspecto desde que asumió la Argentina lidera la inflación mundial junto a Venezuela.
Siempre ha actuado de manera prepotente, jactándose de ello. 
Aprieta a los empresarios y amenaza a todos los que se le oponen. Recordemos que en una asamblea de Papel Prensa, exhibió unos guantes de box, advirtiendo en ese mismo acto a los presente que al que revelara lo que allí pasaba lo haría “atender por sus muchachos, expertos en quebrar la columna”.
El sesgo autoritario de Moreno se ha ido apoderando de todos los campos. 
En el mercado cambiario, algún ignoto funcionario de la AFIP decide – sin que sepamos en base a qué criterios - si podemos o no comprar dólares. No hay un control de cambios declarado, lo cual hubiera implicado el dictado de una norma de carácter general, sino un control de cambios de hecho.
Un esquema similar al aplicado por Moreno en su fracasada pelea con los precios
ro se intentó trasladar la decisión de quitarlos a la sociedad. 
Se nos invitó a “renunciar” a esos privilegios. Después, cuando ese mecanismo demostró su inutilidad, aquellos fueron eliminados, pero cada persona o familia podía pedir que se los mantuvieran. 
Quienes así lo hicieron serán examinados integralmente por los funcionarios e incluso “escrachados” en Internet, bajo el piadoso manto de asegurar la transparencia de la información.
Ahora el inefable secretario ha pasado a ser el que determina quiénes y qué se importa y quiénes y qué no. 
Mas allá de todas las otras consideraciones que pueden hacerse sobre el pésimo e hipócrita manejo de los subsidios y del actual régimen de importaciones, este aspecto, el de su discrecionalidad, pariente cercercana de la arbitrariedad, no es el menos grave.
Cada día el Estado se mete un poco más en nuestras vidas. En la Argentina, la libertad nació con un Moreno y está claudicando con otro, que es el rostro menos grato, pero más sincero del kirchnerismo.

(*) El autor es abogado y periodista

Viernes 3 de febrero de 2012.