viernes, 9 de mayo de 2014

¡¡¡Historia !!!


2014


La 
historia 
es más 
que la 
memoria.
Por :


 |  Para LA NACION

Aporte :  Andrea

"Una sociedad necesita conocer la Historia, no solamente tener memoria. La memoria colectiva es subjetiva: refleja las vivencias de uno de los grupos constitutivos de la sociedad; por eso, puede ser utilizada por ese grupo como un medio para adquirir o reforzar una posición política. Por su parte, la Historia no se hace con un objetivo político (o si no, es una mala Historia), sino con la verdad y la justicia como únicos imperativos."

La frase pertenece al prestigioso semiólogo, filósofo e historiador búlgaro-francés Tzvetan Todorov y está incluida en un artículo publicado en el diario español El País el 7 de diciembre de 2010, luego de una visita a la Argentina, que se reprodujo en esta página. Es decir, no fue una columna escrita en abstracto, sino una reflexión sobre la política de derechos humanos del gobierno de Cristina Kirchner, que privilegia la memoria a la verdad y, por lo tanto, a la justicia.

Todorov enfatiza que la memoria es siempre parcial, subjetiva: uno recuerda lo que más lo impactó y no siempre en orden cronológico. En cambio, la verdad, en la que se funda la historia, incluye las memorias de grupos diversos sobre hechos comunes.

Vamos a un ejemplo concreto: el lunes 24 de marzo coincidí en un programa de televisión con Horacio Pietragalla, un joven diputado kirchnerista, pero, más importante aún, uno de los nietos recuperados por las Abuelas de Plaza de Mayo, hijo de Horacio "Chacho" Pietragalla.

Pietragalla padre era un dirigente de peso de la Juventud Peronista, a tal punto que viajó en el chárter que trajo de regreso al general Juan Perón en su primer retorno del exilio, el 17 de noviembre de 1972; tres años después, era "oficial primero" de Montoneros y el jefe de la Columna 26: tenía a su cargo el norte de Santa Fe, Chaco y Formosa; es decir, era el número dos de la Regional Nordeste de esa organización político-militar.

La historia de Pietragalla hijo es conmovedora: la pérdida de su padre y de su madre, ambos detenidos desaparecidos; su condición de nieto recuperado.

En el caso concreto del padre, de "Chacho" Pietragalla, fue la primera víctima del Comando Libertadores de América, un grupo paraestatal creado en Córdoba en octubre de 1975, en pleno gobierno constitucional de la presidenta Isabel Perón.

Pietragalla padre fue apresado en un bar de la capital cordobesa el 15 de octubre de 1975 junto con otro "oficial" montonero, Eduardo Jensen. El 8 de noviembre sus cuerpos fueron encontrados a 25 kilómetros de la ciudad de Córdoba; los cadáveres presentaban numerosas heridas de bala y estaban parcialmente quemamos y cubiertos con tierra y ramas. Ya durante la dictadura, fueron sepultados en una fosa común en el cementerio San Vicente junto con otras víctimas de la represión ilegal.

Lógicamente, la memoria de Pietragalla hijo se concentra en la detención, el asesinato y la desaparición del cuerpo de su padre, y en su recuerdo de niño que creció con una identidad robada, junto a personas que lo criaron, pero que no eran sus progenitores, como terminó descubriendo.

Pero hay otras memorias. Por ejemplo, los recuerdos de los padres y hermanos de los diez formoseños de 21 años que fueron muertos en el ataque de Montoneros a un cuartel ubicado en los suburbios de la ciudad de Formosa. 

Esos diez jóvenes estaban cumpliendo con el servicio militar, que en aquella época era obligatorio, y estaban de guardia el domingo 5 de octubre de 1975, cuando el flamante Ejército Montonero intentó copar ese regimiento.

Los montoneros imaginaban que los soldados formoseños se iban a rendir, pero resistieron y se produjo un combate en el que murieron 24 jóvenes: doce guerrilleros y doce defensores del cuartel (los diez soldados, un sargento primero y un subteniente de 21 años). Todos eran peronistas.

Pietragalla y Jensen participaron de ese ataque, como lo indican distintas fuentes en mi libro Operación Primicia. Fue el debut del Ejército Montonero, con el cual la guerrilla de origen peronista pensaba derrotar al ejército formal, al que señalaban como el instrumento armado de la oligarquía criolla y el imperialismo norteamericano. No les importaba que ese ataque pudiera deteriorar aún más al desfalleciente gobierno de la viuda de Perón, porque el objetivo prioritario de Montoneros era, precisamente, evitar que Isabelita se consolidara en el poder, según un documento de esa organización político-militar, de 1977, titulado "Curso de formación de cuadros".

Luego del ataque al cuartel, hubo un repliegue de los "oficiales" montoneros instalados en el nordeste del país para eludir la represión policial y militar. Pietragalla y Jensen escaparon a Córdoba, donde fueron capturados.

La memoria de los padres y parientes de los soldados formoseños es distinta de la de Pietragalla hijo. Ocurre con, por ejemplo, la mamá de Marcelino Torales, uno de los conscriptos abatidos. Marcelino era albañil, cantaba en los bailes y admiraba a Sandro; murió en el dormitorio de la Guardia, destrozado por un disparo de FAL.

Cuando la entrevisté en el patio de tierra de su casa, esa señora inspiraba una profunda tristeza, agravada por una decisión estatal avalada por los organismos de derechos humanos: mientras los parientes de los guerrilleros muertos en aquel ataque habían cobrado millonarias indemnizaciones como "víctimas del terrorismo de Estado", ella y su marido sobrevivían con una mísera pensión.

Sobrevivían literalmente, seguían siendo pobres. Es que los soldados muertos eran los más pobres del regimiento; muchos de ellos habían "vendido" sus francos de fin de semana por unas monedas o unos vasos de vino o de Coca-Cola porque no tenían dinero ni para viajar al interior a visitar a sus familias.

¿Cómo unir esas memorias tan distintas? Todorov propone un camino: la verdad histórica, que reúne los recuerdos y los sufrimientos de los distintos grupos de una misma comunidad.

Conviene tener en cuenta que hablar de una sola memoria indica una pretensión hegemónica; refleja la intención de un determinado grupo político de reconstruir la historia de acuerdo con sus intereses del presente.

Más concreto aún. La memoria nos encierra en "una ilusión maniquea", dice Todorov, a la que define como "la división de la humanidad en dos compartimientos estancos: buenos y malos, víctimas y verdugos, inocentes y culpables. La Historia nos libera de esa ilusión maniquea".

La historia, si está fundada en la verdad, es mucho más que la memoria.
© LA NACION.

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